Límites sanos para nuestros hijos

“Solamente dos legados duraderos podemos aspirar a dejar a nuestros hijos: Uno, raices; el otro, alas.” (Hodding Carter)
En la crianza de nuestros hijos, los límites son aquellas normas que los ayudan a identificar sus raíces y sus alas, las que les ayudan a formar una estructura de vida, la moral con la que regirán sus vidas y la certeza de lo que es más valioso, merece más sus esfuerzos y a dónde proyectarán sus sueños. Por lo tanto es sumamente importante que los padres tengamos claridad de que límites son los que queremos fijar en ellos.

Un límite es la certeza de hasta dónde se puede llegar en cada circunstancia de la vida. No en todas las ocasiones es muy sencillo establecer los límites ya que como papás algunas veces prohibimos cosas sin motivo y permitimos cosas sin pensar en las consecuencias, debemos dar un paso adelante. Algunas pautas que pueden ayudarnos sería preguntarnos: ¿Lo que quiere hacer mi hijo le va a traer algún bien futuro a él o a alguien más?, ¿Va a perjudicar a alguien?, ¿Cuáles son sus intenciones? Etc.

Aunque es cierto que la educación de nuestros hijos es principalmente tarea de nosotros como padres, ellos están constantemente en contacto con otras personas por lo que en ocasiones tendrán tentación de hacer cosas que de otra manera no se les hubiera ocurrido, dirán palabras que no se usan en casa, tratarán a sus padre o hermanos irrespetuosamente, etc, previniendo que esto se pueda presentar en la familia, es bueno pensar a futuro y como pareja tomar acuerdos en tres sentidos:

  • Qué cosas NUNCA le vamos a permitir a nuestro (s) hijos.

Algunos ejemplos podrían ser: tratar con violencia a
cualquier miembro de su familia, tomar cosas que no son suyas sin permiso, etc. Depende de los valores familiares que cada uno quiera inculcar en su propia casa.

  • Que cosas le voy a permitir en ocasiones y en que ocasiones

En este apartado entrarían la mayoría de las cosas que hacen nuestros hijos, por ejemplo: Ver televisión solamente después de haber realizado sus tareas, y los viernes a cualquier hora. Permitirle comer dulces y frituras antes de la comida solamente en las fiestas infantiles, etc. Deben ser claros para el niño y para nosotros de manera que podamos explicar por qué sí y por qué no.

  • Que cosas voy a permitirle SIEMPRE

En este punto debemos ser muy cuidadosos ya que existen muy pocas cosas (o ninguna) que debemos permitirle a nuestros hijos siempre. Algunos de los ejemplos que me han platicado son: Permitirle siempre dar su opinión (nos implica como padres escuchar cuando a veces les pedimos que se callen, que la den de forma errónea o en un lugar o a una persona inadecuada, etc.), Ser alegre (en un velorio o momento difícil, ¿También?).

Es necesario que también tengamos en mente que nuestros hijos tratarán saltar constantemente los límites que nosotros les establezcamos porque es una forma de ir formando su identidad y saber hasta donde realmente pueden llegar. Por lo tanto hablar de límites también es hablar de consecuencias.

Las consecuencias son las repercusiones que va a tener por determinado comportamiento, que pueden ser tanto algo para reforzar una conducta como algo para  tratar de eliminarla. Deben ser proporcionales a la falta o gravedad y deber ser aplicadas siempre por lo que, al igual que los límites, no pueden depender de nuestro estado de ánimo. Es común en muchos papás que dependiendo de la forma en que nos sentimos permitimos o castigamos algunas cosas, esto es sumamente dañino para los niños ya que no los formamos en el valor de la integridad ni les damos la seguridad y la confianza en sí mismos y en el entorno que se da con los límites.

Para que una consecuencia sea adecuada debemos pensar en primer lugar que en la vida diaria nosotros vivimos con consecuencias naturales por nuestros actos, por ejemplo, llegar tarde al trabajo tiene una consecuencia, pasarse un alto, no pagar a tiempo las tarjetas, etc. En la vida de nuestros hijos también. Cuando una conducta tiene una consecuencia natural, no es necesario que nosotros sancionemos otra vez, por ejemplo, cuando al niño se le advierte que no se suba a una mesa y se cae, esa ya es su consecuencia natural, nosotros solamente debemos retroalimentar y ayudar a que entienda que se cayó porque las mesas no son apropiadas para subirse, no es necesario castigar nuevamente la conducta del niño.

Cuando su conducta no tiene consecuencias naturales la clave para buscar lo que lo ayude a aprender es que el niño o nosotros encontremos la manera en que se repare el daño hecho, esa es una buena manera de establecer las consecuencias. Por ejemplo, si el niño por descuido o intencionalmente rompió un juguete de su hermano, además de disculparse deberá darle un juguete propio o ahorrar para comprarle uno nuevo. Esforzarse en reestablecer el vínculo con quien daño, perdonar y ser perdonado puede ayudarle a tomar conciencia de sus acciones y prevenir que se repitan.30864919975_50de85e1e7_c

Después de esta reflexión podemos ver que no siempre es sencillo formar a nuestros hijos con límites, sin embargo, el criterio principal debe ser el amor que les tenemos. Un amor incondicional pero firme en el que este reflejado lo mucho que los amamos y que por lo tanto queremos lo mejor para ellos aunque eso signifique hacer sacrificios para obtener un bien mayor. Tener esto en mente nos ayudará como padres a no sentirnos culpables si no accedemos a lo que ellos desean sino mantenernos firmes sabiendo que no es lo mejor para ellos.

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